sábado, abril 30, 2005

Oxídate o desoxídate.

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...que contaras algo de tu óxido, nada más que eso...Puede que después intente transformarlo en pájaro cenital o en ventana de atardecer. Cómo te oxidas y desoxidas. Qué haces para favorecerlo o combatirlo y cosas así de absurdas que el óxido te sugiera, ojalá que sin echarle demasiado la culpa por todo esto que nos sucede en la alegría y la incertidumbre de sabernos pantalla mediante. ¿Tan lejos o tan cerca? Nunca se sabe, apenas un poco de óxido...

viernes, abril 29, 2005

Variación sobre Electra de Sófocles.

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Che, qué increíble. Viste lo que pasó. Sí, llegó el hermano(1) e hizo boleta a la madre(2) y al dorima(3) de la madre. Coludido con la hermanita(4) que echaba rayos y centellas de odio por ojos y boca porque se estaba reventando de venganza. Quería a toda costa vengar la muerte del viejo(5). Pero están todos locos. Y bue, che, pasa en las mejores familias. Pero uno no haría una cosa así. Matar a tu vieja es mucho. No sé, te irías la mierda y si te he visto no me acuerdo. Pero en ese entonces uno no era ciudadano del mundo como ahora. Y no te olvides que tu vieja se fue con otro tipo que no era tu viejo y cuando tu viejo volvió de la guerra, entre los dos lo hicieron boleta. Sí, pero tampoco te olvides que el viejo también había hecho boleta a la hija(6) porque los dioses se lo exigían para que las naves avanzaran y ganaran la puta guerra de Troya, del Golfo, o la Segunda Guerra Mundial. Viste, a la final , los hijos de puta terminan siendo los dioses que arman todos estos bolonquis. Qué se le va a hacer. Pero igual lo encuentro mucho que hayan matado a la vieja por más yegua que fuese. Mirá, no digas de esta agua no he de beber porque en una de esas terminás igual que el griego. Sí, por las dudas no pienso tener hijos ni pelear ninguna guerra y voy a estar siempre al día con la electricidad, porque después te pasan la cuenta y sos boleta y no importa si eras padre, madre, hijo, hermana o un boludo más que anda por ahí leyendo los clásicos.

(1) Orestes (2) Clitemnestra (3) Egisto (4) Electra (5) Agamenón (6) Ifigenia.

Este ejercicio está para ponerle un tanguito, pero mejor dejémoselo a Richard Strauss con su Elektra y si dirige Barenboim, mejor.


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Se lo estaríamos dedicando con sonrisa felina a Doña Elisa de Cremona y a Don Hans El Ratón de Biblioteca, ambos entusiastas y esforzados lectores de los clásicos.

miércoles, abril 27, 2005

Violín otoño.

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Tarde de otoño. Sale a caminar. Llega hasta la plaza de todos los días. Se sienta en un banco y escucha el concierto para violín de Elgar. En la cadenza del último movimiento levanta una hoja seca del suelo y piensa que esas hojas suelen ocultar melodías perfectas. La hace girar entre sus dedos como si danzara. Del bolsillo de su chaqueta saca una pequeña libreta, una lapicera y escribe: “Este violín de otoño permite que me transforme en una hoja seca que alguien levantará del suelo y guardará entre las páginas de un libro que no he leído, me llevará a su casa y retomará la lectura de mis cuerdas y mis nervaduras; me acariciará los bordes y me preguntará como al pasar, si el fuego o el agua. Finalmente sentirá piedad de mi fragilidad y me abandonará en la misma plaza donde comenzó mi aventura y donde alguien volverá a levantarme del suelo y a escribir en una libreta algo sobre un violín que sonará esa tarde...”

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lunes, abril 25, 2005

(Brahms. Trío op. poth.)

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comparto un secreto
con estos árboles
y estas ventanas

ella no sabe mi secreto
pero abraza mis árboles
y mis ventanas
y la luz juega con nuestras sombras
y mi secreto se acurruca
en su piel de árboles
y ventanas...

viernes, abril 22, 2005

Querido Chagall...

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soy el gallo que canta tus amores solares
soy la vaca sagrada de tu paciencia
soy la Torá que los amantes leen en la piel
soy el gato de París y el cielo de Rusia
soy un sueño azul y cabellera de flores
soy el violinista de siempre y el cristo de nunca
soy la melodía de tu paleta y el arlequín de tu delirio
soy la novia que vuela y el rabino que pregunta
soy el judío errante en las islas de la palabra
soy los amantes que sostienen el cielo
soy la alegría de los pájaros
que tus sueños han engendrado en mis ojos...


Este pequeño poema es una invitación a recorrer algo de la obra de Marc Chagall, un clic en cada palabra coloreada.

Dedicado a Doc. Savage Jr.

miércoles, abril 20, 2005

Abstracción ma non troppo.

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Espacio vacío, indefinido. Acaso paredes o intemperie. No importa demasiado el soporte ni la técnica de seguimiento. Precaria dialéctica en vilo. Tal vez una puerta. Una sola puerta o ni siquiera eso. Y la imposibilidad de acceder completamente y decir otra cosa: paredes ciertas, seguridad de una puerta, aunque sea la misma de entrada y salida a ese espacio siempre indefinido, nunca del todo articulado.
Antes o después de la primera palabra, un cuerpo sin aristas ni concavidades se desplaza entre un punto A y un punto B que son imposibles de ubicar y mucho menos predecir. Pero ese desplazamiento induce una cierta luminiscencia que agrava su propio complemento. Lo condena a reproducirse en su informidad: espacio vacío, indefinido: ni geometría ni rostro.

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Dedicado al músico del barrio, Piotr Pinacho, porque hay que domesticar la incertidumbre.

martes, abril 19, 2005

Noche en dos movimientos

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No sabe si el dato es real, si le mintieron como otras veces o acaso lo soñó, pero esa noche decide investigar. Se toma un taxi a la dirección que apuntó. Tiene que atravesar toda la ciudad para llegar. El taxista le advierte que es una zona peligrosa y que no lo va a poder esperar. Después de cuarenta minutos de viaje llega a la calle. Paga y se baja del taxi. Busca el número de la casa pero no lo encuentra. Quizás en el pasaje, unos pasos más allá, pero tampoco existe esa numeración. De pronto alguien abre una puerta para sacar la basura. Un perro ladra con desesperación. La noche converge en la oscuridad de ese ladrido. Aprovecha de preguntar al vecino por el número que busca. El hombre lo mira asustado, ocurren muchas desgracias en ese barrio, pero responde con calma: -Todos preguntan por ese número, pero ese número no existe, nunca ha existido, así que vuélvase nomás porque por estos lados no lo va a encontrar. El hombre agradece apenas con un movimiento de cabeza y apura el paso hacia la avenida. Espera más de una hora un taxi. Por fin regresa a su casa. Sabe que lo han engañado y eso lo tranquiliza un poco. Se baja del taxi frente a su puerta. Cuando se acerca para entrar, de la casa de al lado sale el mismo tipo que dos horas atrás había sacado la basura en aquél oscuro pasaje de los suburbios mientras un perro ladraba con desesperación y le dice algo que no alcanza a entender... y trata de abrir la puerta, pero la llave no entra en la cerradura... el tipo le habla más fuerte... pero él comienza a correr hacia la avenida en busca de un taxi que lo lleve de vuelta al pasaje...

lunes, abril 18, 2005

Tarde de sábado

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...no es esta oscuridad
lo que quiero decir
tampoco esa luz

quizás
un movimiento extraño
de tus ojos
arrebatando las promesas
de un cuaderno vacío...

tampoco es eso
pero no es esta oscuridad
quizás algo de tus ojos
celebrando otra luz...

viernes, abril 15, 2005

Cuenta porotos

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Con paciencia felina los conté uno por uno y anoté la cifra en un cuaderno forrado con una foto de otros guisantes. Después se me ocurrió ponerle un nombre a cada poroto. A continuación hice una lista con esos nombres, en el mismo cuaderno forrado con otros guisantes, donde previamente había anotado la cifra total de porotos fotografiados aquella tarde de Abril de 2003 en el mercado de Florianópolis. Los he llamado por su nombre a todos los porotos y me han respondido. Espero que no les moleste, que algunos nombres de porotos coincidan con los suyos, queridos amigos.



C. :Ahora tu Punto es un poroto, ojalá sientas la misma alegría que yo cuando lo nombré.


Esto debió sucederme porque a veces, en silencio, recito ciertos nombres queridos, como una letanía, como invocándolos.

jueves, abril 14, 2005

Laberinto

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He perdido la noción del tiempo deambulando por estos insaciables pasillos. La luz es cenicienta y constante, sin ningún tipo de variación. No hay día ni noche aquí dentro.
Los pasillos son de hormigón, como de diez metros de altura y entre una pared y otra hay apenas dos metro de separación. A veces llegan a tener un largo de aproximadamente cinco mil pasos. Los he contado muchas veces. Lo que equivale a unos tres kilómetros y medio. Entonces se llega a un cruce donde se bifurcan en dos, en tres o en cuatro alternativas. Siempre he elegido las que conducen sólo a más y más corredores de hormigón.
Me mueve la esperanza, ya vana, de encontrar la salida. Cuando entré a esta construcción demencial, me dijeron que existía una salida y que tarde o temprano daría con ella.
Lo único que interrumpe la atroz monotonía de este paisaje gris es la aparición repentina de algunos nombres escritos con tiza blanca en las murallas de los pasillos(*). Eso me da cierta esperanza, pienso que algún día quizás encuentre a quienes corresponden esos nombres.
Cada tanto encuentro un cuenco con agua, un pan y una fruta. Lo mínimo para subsistir. Hace tiempo que la ropa se ha deshecho en jirones y camino desnudo. Aquí no se siente ni frío ni calor. He pensado que se deben abrir ciertas puertas secretas y alguien desde afuera coloca los alimentos en el lugar preciso donde aparecen. Pero después de tanto andar sé que aquí no hay nadie y que es el mismo laberinto el que produce mis alimentos y mis sensaciones. Donde me sorprende el cansancio me acurruco y duermo. No suele ser un sueño reparador. A veces sueño que estoy fuera del laberinto con mi gente, pero esos sueños terminan siendo la peor de las pesadillas.
He llegado a creer que lo único que ha existido siempre ha sido el laberinto y que mi vida anterior no fue más que un sueño que el mismo laberinto urdió para confundir mi imaginación y mi esperanza.
Sobre los nombres escritos con tiza, he pensado -con cierta melancolía- que un día encontraré el mío, entonces me sentaré a contemplarlo, quizás con alguna emoción, y dejaré de recorrer los interminables pasillos para esperar la muerte.

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(*) Algunos de los nombres que he encontrado escritos con tiza blanca: Hans, Eli, Sandra, Doc, C.Punto, Magdalena, Elisa de Cremona, Angelorum, Juania, Pinacho, Nina, Mavra y otros que ya no recuerdo. Esos nombres, durante largas jornadas, han sido un verdadero consuelo.

La foto es de una escultura de Vicente Gajardo. Museo de Bellas Artes, Santiago 2003.

martes, abril 12, 2005

Árbol del cuarteto de cuerdas Nº 5 op. 18/5 de Beethoven.

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...el árbol que celebro
va perdiendo hojas
yo voy perdiendo palabras
en el último verso nos abrazamos...

lunes, abril 11, 2005

Desapariciones

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Después de una agotadora jornada de trabajo llegó a su casa. Puso la llave en la cerradura y abrió la puerta. Encendió la luz y lo que vio lo dejó perplejo: habían desaparecido todas sus cosas. El departamento estaba totalmente vacío. Las paredes en blanco. Ni un solo mueble. Ni siquiera una taza para servirse un té. Absolutamente vacío. Se sentó en el piso en medio del living, desconcertado y sin saber qué hacer; llamar a la policía parecía lo más indicado. No se explicaba cómo era posible que le hubieran desvalijado el departamento de esa manera y a plena luz de día. El teléfono tampoco estaba en el escritorio. Sacó de su chaqueta el celular y marcó los tres números. Nadie respondió. Insistió varias veces y nada. Bajó hasta la recepción para hablar con el conserje, quizás él supiera algo. Se sintió ridículo preguntándole si alguien se había llevado sus cosas. Todas sus cosas. El conserje lo miró con desgano y le dijo: -No me diga nada, usted es otro de los andan con el cuento que le han desaparecido las cosas de la casa. No se preocupe, caballero, vuelva a su casita tranquilo, en una de esas tiene suerte y le vuelve a aparecer todo, tal cual como lo dejó antes de irse en la mañana. Con la policía, le recomiendo que se evite el mal rato porque no están dando a basto con tantas denuncias de ese tipo. Y si no le aparecen las cosas en tres días, ahí sí, empiece a preocuparse.

sábado, abril 09, 2005

(Mozart. Piano concerto Nº 11 K. 413)

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simulamos
ser cielo
y tierra
y la alegría de los árboles
alcanza para abrazarnos
mientras la verdadera luz
y la verdadera oscuridad
no nos pertenecen...

jueves, abril 07, 2005

Loco Bruno

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Le dicen “El Loco”. Loco Bruno. Pescador de Juan Fernández. Constructor de botes en madera de ciprés, de casas, de muebles, de trampas para langostas. Fabricante de entuertos con mujeres y alcoholes. Bueno para la fiesta y la picardía etílica. Él fue testigo de mi única y gran borrachera allá en las Islas. Su cúmulo de anécdotas era interminable. Pare él todos éramos “Hermanos”. Mi hermano Loco Bruno González hace más de veinte años que no sale de la Isla, que no pisa el Continente. Pero le basta el mar, su tierra y su gente.

Una noche estábamos en casa, frente a la ventana, mirando el mar y escuchando su murmullo de fondo, el vino soltaba la lengua de las confidencias y el Loco Bruno me contó cómo fue que perdió el olfato. Alguna vez me había dicho que él no podía sentir ningún olor. Pero esa noche de “Gato Negro” me contó como sucedió. Una pelea con su mujer, que era de armas tomar y lo recibió con un palo en la cabeza. Así de brutal y certero. Perdió el conocimiento y unos días después se dio cuenta que ya no sentía ningún olor. Entonces le pregunté si a veces no echaba de menos algunos olores, mencioné la carne asada, la langosta, los vientos que anuncian temporales y él habló de su temor a tener un accidente doméstico con el gas. Pero se rascó la cabeza, pensó un rato y me dijo: Lo que a veces extraño es el olor de la hembra.


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Algunas fotos para completar el relato tomadas entre octubre de 2002 y marzo de 2003 en la Isla Robinson Crusoe, Archipiélago de Juan Fernández.

Loco Bruno en carretilla con su compadre Rino Rojas.
Loco Bruno besa la pelada de Cote Rojas.
Loco Bruno en su bote, con su hijo Brunito y el Yeti. (1992)
Vista de Bahía Cumberland desde el Cerro Centinela
Vista de Bahía Cumberland desde el Cordón Salsipuedes.




Dedicado a Loco Bruno González Mena, a mis "hermanos de Juan Fernández" y a Juania de las Islas que quizás lo recuerda.

miércoles, abril 06, 2005

Otra vuelta de geometrías.

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Dice cuadrado no. Cuadrado no, por favor. Que tiende a cero, a la nulidad de todo el sistema. Que los límites son hirientes y cortantes. Entonces círculo. Sí, podría ser círculo, mucho mejor si es círculo circulando. Todos amamos el círculo. Va muy bien con el abrazo, las manchas en la piel del jaguar y la ilusión del horizonte cuando se está en medio del océano. Pero quién pone el centro. Quién es capaz de marcar ese punto exacto donde todo comienza. Ese big bang de bolsillo. Quién lo hace girar hacia el norte y hacia el sur. Quién oxida la brújula con su aliento. Quién alcanza a abarcar esa constante expansión. El círculo también termina en silencio. Silencio prófugo que seduce al cuadrado, al triángulo y a cualquier ángulo suelto y libertino. Entonces hay que hacer algo antes que el sistema colapse y se declare oficialmente la entropía de estas geometrías en cuestión. No queda más que echar mano a un sueño, a ese imposible que siempre salva y donde todo se reconcilia: el círculo cuadrado. Y todos contentos.




Dedicatarias: Magdalena y Pame.

El caballito de Doc y Hans

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(Variación sobre un memorable encuentro entre dos amigos bloggers)

Dos niños, desconocidos entre sí, pero viejos amigos en un futuro de cristal. De madera shakespereana les hicieron un caballito. Y sonaba una flauta de un lado y del otro de la calle que divide el norte y el sur. Cada uno en su distancia cabalgaba el caballito. Cada uno lo soñaba en su vereda y en su otoño.
Se hicieron hombres grandes y después de mucho andar por remotos países, un día se encontraron en el mismo escenario, donde se representaba la misma comedia del caballito de madera. El vino y la risa esperaban su turno tras bambalinas. Las ensaladas y los libros fueron una de las claves del entendimiento. Para entonces eran desconocidos pero no les costó mucho reconocerse en la antigua madera. Hablaron del caballito que también era de Troya, lo abrieron, y los aqueos de cada uno salieron a tomar la ciudad de la infancia. No hubo muertos, ni sangre, sólo juego y alegría y duendes de la memoria.
El caballito aún oculta en su madera tantas historias que vendrán...
El caballito que ilustra es de Antonio Berni.

martes, abril 05, 2005

Cuadrado incierto.

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Traza el cuadrado con escuadra y tinta negra. Después lo pinta de amarillo. Lo observa durante algunos minutos y dice en voz alta: -“Cuadrado incierto, amarillo, pero incierto”. Lo vuelve a mirar tratando de encontrarle una solución. No sabe qué hacer para matar esa incertidumbre que se instala en esa forma perfecta y equilibrada. Quizás sea el amarillo, piensa. Demasiada expansión. Le cambia el color. Prueba con azul. Resulta peor. El cuadrado se mantiene incierto ante sus sentidos y su intelecto, que siempre lo ha considerado como una forma sublimada y en completo equilibrio. Un último intento, se dice a sí mismo, tratando de darse ánimo. Entonces escribe una palabra dentro del cuadrado que ha dejado definitivamente en blanco. Una sola palabra que quizás le de otro sentido. La lee en silencio, una, dos, tres veces. La repite en voz alta. Al principio parece ser la palabra correcta. Pero dos minutos más tarde, el cuadrado le sigue pareciendo incierto y hasta cruel, despojado de algo que él no es capaz de encontrar dentro de los límites de esa habitación trazada con escuadra y tinta negra.
Tetradedicatoria de este incierto cuadrado: Sandra, Eli, Hans y Doc.

lunes, abril 04, 2005

(J. S. Bach. Toccata para piano* Nº 2 BWV 911)

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...círculo de la noche
descendiendo al fuego perfecto
que devora formas
aún no soñadas
mientras la lluvia
mujer cansada
se sienta en la plaza
a recordar rostros de barro...


*Al piano, Glenn Gould.

sábado, abril 02, 2005

Rojo y negro

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Al día siguiente iría a la casa de su amante. Ella lo recibiría con la misma alegría de siempre y con la misma timidez de siempre, le mostraría sus nuevos cuadros y se quitaría la ropa frente al espejo. Él miraría las pinturas con atención y el cuerpo de ella con ansia, sonreiría ante la ternura de esos gatos de ojos desorbitados y esas mujeres con caras tristes. Después harían el amor toda la tarde, varias veces. Ella encendería el televisor y escucharían perplejos la noticia: el Sumo Pontífice ha muerto. Entonces se quedarían abrazados en la cama, en silencio, esperando que se inicien los ritos funerarios. A él le pintarían el cuerpo de rojo con franjas horizontales negras y a ella de negro con franjas verticales rojas. Después los sacerdotes del rito de los dos colores encenderían la pira y quemarían ambos cadáveres. El humo negro y el olor de la carne quemada subirían al cielo donde el Sumo Pontífice no estaría soñando con otra pareja de amantes.

(Agradecimiento al Angelorum por la inspiración para este relato)

viernes, abril 01, 2005

Burbuja de tiempo

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Después de treinta y dos años, cuatro meses y doce días, de encierro voluntario en su casa de tres plantas; sale a la calle, da un paseo de varias horas y regresa decepcionado. “Vuelvo a mi burbuja”, se dice a sí mismo y sonríe con tristeza. Cuando va a entrar a la casa, que también fue la de sus mayores, el mayordomo lo ataja y pregunta con voz solemne: -Buenas tardes, a quién busca el señor.
El Tiempo Buenos Aires Aerod.