martes, agosto 31, 2004

Fedón, Platón

Leer a Platón (el Fedón) la última mañana de Agosto de 2004 es como acariciar al gato que también es platónico, en cierto sentido de una novela inédita, y dejarlo que se suba a las piernas y ronronee todo el tiempo que dure la escritura del guijarro. No es más que un guijarro platónico. Salve maestro. Aunque también algo mozarteano, con una encantadora sonatita para violín y clave, la K. 30, que dura solamente seis minutos y que Wolfgang compuso cuando era niño y yo me subía a los árboles a chupar flores de ceibo y aún no sabía que a Platón le gustaba que le acariciaran los gatos en las mañanas en que es leído, aunque Sócrates vaya a morir acto seguido y al lector de turno se le haga un nudito en la garganta y el gato siga ron ron ron hasta el próximo libro...

lunes, agosto 30, 2004

Último poema de Agosto 2004.



Ella no quiere que en estas ínsulas aparezca el último poema de Agosto. No es que no le guste el poema, ni siquiera lo ha leído, sólo quiere que escriba otra cosa. Que cuente algo del tedio del fin de semana o de la lectura del Fedón interrumpida por su piel y algo de placer. O que incluya algún pequeño comentario de esa obrita de Rameau para clave, violín y viola da gamba.
Ella preferiría mil veces que estos guijarros dijeran algo de El arca rusa, la hermosa película que vimos anoche. Pero no puedo traicionar ese último número de Agosto. Ella no lo va a leer, pero eso no tiene ninguna importancia, quizás nadie lo va a leer y eso tampoco va a cambiar el simple hecho de que ese numerito esté ahí puesto con todo su silencio alrededor y su precaria magia y sus torpezas o aciertos.

(3347) 30.08.04

...lo que se dice por error
o la emoción contrariada
en su luz propia
como si sólo existiera una pared blanca
con un sol que se aleja
de toda forma humana
hasta que la calle por sí sola
reencuentra los pasos del fantasma
que pregunta
por esos restos de conversación
que no tuvieron abrigo en el pecho desnudo...

viernes, agosto 27, 2004

Salvación.

También se pueden editar espacios en blanco. Pero no se aceptan en las esquinas donde la gente grita. Todo depende del tamaño de las baldosas que se vaya pisando, siempre que uno vaya descalzo (como los pájaros). Es indistinto que el cielo permanezca idéntico a sí mismo o haya iniciado la mutación de alguna de sus páginas. En el laberinto, a veces se encuentra a Platón conversando con Shostakovich. Los heterónimos suelen ser batante veraces, aunque este no es el caso. Lamentablemente, esta mañana, el Cuaderno Modigliani no recibió ningún guijarro. Es probable que la salvación del día dependa exclusivamente de estas pocas palabras. Demasiado pocas.
La pobreza y la irrealidad alcanzan para todos...

lunes, agosto 23, 2004

Dos poemitas con música de Martinu.

(Martinu/ Piano Quartet Nº 1) 3342 23.08.04


silencio de árboles
oscuridad de árboles
y el hombre que confía
sólo en el cielo gris
y en las palabras
que el cielo puede ocultar
para que los árboles descansen
en los ojos de la amada



(Martinu. Oboe Quartet, 1947) 3341 23.08.04

una parte de la oscuridad
es la tristeza de los otros
en calles que deambulan
la propia ilusión
ilusión de espejos
que no se quiebran
cuando no coinciden los sueños
con los nombres
o los gestos
con el vacío de la noche
como otra forma de conjugar
el desamparo...

domingo, agosto 22, 2004

Olímpicos

Medalla de oro brilla menos que medalla de barro y medalla de plata brilla más que medalla de papel carbónico, aunque medalla de bronce no sirva para mirar a través de los agujeritos que dejan los puntitos de las íes cuando se las teclea muy fuerte...
Pero medalla de oro también puede colgarse de un ganchito en la pared donde unos segundos antes se posó una mosca que ganó medalla de papel carbónico aunque no fue posible repetirla a pesar de los pedidos de ayuda humanitaria y de las falsas transcripciones de emoción que se sucedían a lo largo y a lo ancho de la página que varios años más tarde sirvió para que un niño hiciera un barquito de papel y lo largara a navegar por diez segundos en un charco con un fosforito encendido como único tripulante...

viernes, agosto 20, 2004

El nombre del gato.

El gato se llama Mavra, es macho, siamés, castrado y está sentadito sobre el escritorio donde se escribe su nombre que salió de una operita bufa de Stravinsky.
Hubo un tiempo allá en las Islas de Juan Fernández, que uno de los pasatiempos favoritos era ponerle muchos nombres al gato.
El primer nombre de aquél gato fue Brahms, el segundo Lunopius el tercero Enero, después Eriko, Hassan Badredin etc. Cuando Brahms murió mi mujer lloró grandes lágrimas felinas y después de enterrarlo en el jardín de la casa y hacerle una tumbita con piedras volcánicas de la playa, nos sentamos el uno frente al otro y escuchamos con infinita tristeza el Requiem alemán de Brahms en homenaje a nuestro gato.
Los nombres eran una práctica con la que rendíamos homenajes a amigos, sueños y realidades visibles o invisibles que se nos iban presentando. Pero después de varios gatos, los nombres se redujeron a uno solo, como el nombre secreto, el que nunca sabremos, el que sólo nos ha sido dado soñar y buscar entre miles de milllones de nombres falsos, como pseudo cabalistas o simples mortales que terminan acurrucándose en cualquier silencio tibio que encuentren por ahí...

martes, agosto 17, 2004

Laberinto

Es simplemente escribir un mensaje, cualquier mensaje, atarlo a una piedrita y dejar caer esa piedrita en una calle del laberinto para que alguien la encuentre, copie la dirección y diga algo... lo que sea, que permita seguir el juego...
A quien encuentre la piedrita, se la ponga en el zapato y camine un par de pasos, le beso la frente...

Todas las ventanas

No se sabe de qué lado está la luz. Si el sol de afuera y el sol de adentro son una misma sustancia o simulacro. Tampoco se sabe si los materiales de esa geometría resisten el tiempo, la tristeza, los cambios de paisaje, las nuevas direcciones, las mutaciones de cada uno soñándose en la medida de su imposibilidad. Imposibilidad de las ventanas en sí mismas y en cada uno, como una forma de abirir espacios aún no soñados...
Entonces las ventanas son manos vacías y ojos vacíos que permiten equilibrar las ausencias e incertidumbres, para que sólo ellas tengan sentido en las calles del laberinto.
Al menos queda una certeza: las ventanas enfrentadas a la luz y a las tinieblas. Y el laberinto donde esas ventanas aparecen y desaparecen con cada nueva palabra...
Así es como avanzamos, de ventana en ventana... A veces, para que nuestro rostro se refleje fugazmente y la luz regrese al vacío, y otras veces para jugar las preguntas que nos permitan pasar a otra ventana... Y así hasta el infinito, donde todas las ventanas son una sola y ya no importa quién es el que pregunta y quién responde...
El Tiempo Buenos Aires Aerod.