miércoles, diciembre 30, 2009

Final



Fin del aire, fin del agua en un punto meridional que no es abrazo. No es mosca posada en el cielorraso blanco. No es clavo donde colgaron la única foto que debía permanecer en esa luz. No es mancha de rimel, ni de semen, ni coágulo de sangre ennegrecida por la pena de un final anunciado. Sumatoria de negaciones que desembocan en río de agua oscura sin respiración de nadador, corredor, caminante, pareja que se arranca los besos con una sola palabra de cemento. Finales superpuestos según los agujeros en la pared que divide mundos habitables o tristezas automáticas. Y ya nadie cuenta sus placeres de flor orgásmica, ni el alambre de púas con que fue atado antes que le dispararan en la cabeza de esos pensamientos. Fin del aire, fin del agua. Continuidad de la respiración en otro cuerpo que es el mismo cuerpo, otra luz, otro lugar aún sin nombre ni orilla.

Foto unsologato.

sábado, diciembre 19, 2009

(Óxido 5162)



Siempre hay maniobras inútiles en estos intentos de pan. Fondos de ojos vaciados. La no visión del engaño. Óxido que se derrama en todos los amores posibles. Varios frentes al mismos tiempo. Y el destiempo cuerpo acero incivilizadamente correcto en el deambular. Pero mesa de madera, cuatro patas y taza de café sin labios, sin boca, garganta seca. Pueden ser los últimos días para despenar o hundirse en una mar de cemento. O el simple comienzo de otra taza de café con menos óxido añejo. Sin vida o muerte en el destripadero de los sesos que revuelven la basura dialéctica. Esto o aquello. Y la síntesis sin cuándo ni pieza inoxidable, ni robo a cara descubierta. Varias escenas domésticas podrían repetirse con el mismo erotismo fotográfico. Bajar la línea de flotación del dolor a un mínimo imponible de mare nostrum. Aunque cierta desmesura de horizonte nos lleve en brazos.

Fotografía unsologato.

sábado, diciembre 05, 2009

(LLuvia Nº 5158)



La lluvia pregunta pasos perdidos. La calle en fondo de ojo inundado. La calle que no mira la gota en la frente castigada del corredor. Lluvia de ir y venir sin nadie en los pies, sin nadie en el pecho. Paisaje vacío de los parabrisas que avanzan por la avenida. Gotitas que no dicen toda su esperanza. El pecho abierto a un agua sucia. Crueldad del hidrógeno dos oxígeno. Agua de cielos alcantarillados. O cualquier objeto que pueda lastimar invisiblemente. Sacar de cauce la piel. O el odio de los pájaros que buscan abrigo en una mano roja. Lluvia que persigue al corredor desnudo. Al corredor que hace llorar el cuerpo en calles y avenidas de una de las ciudades del infierno. Otra gota cambiará de posición el desasosiego y algunas ventanas.


Foto unsologato.
El Tiempo Buenos Aires Aerod.