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jueves, noviembre 19, 2009

(Sufridero 5134)



En el sufridero cloacal contemplativo de los propios deshechos emocionales. Como decir: bajate de esa gaviota entristada que caga todo el mar. Y uno es el mar y la pluma de la gaviota con que nadie escribe la carta salvadora. Ya no se imploran salvaciones a la arena ni al viento. Un grito sin violín de fondo marino. Una caracola donde se escucha sólo el regurgitar de la propia frustración. No es la especie más cercana a esas pocas palabras que pueden ser dichas sin suficiente aire. Aire mínimo, que repite aire. Así la respiración asmática de un mundo desfalleciente. Y la alegría furibunda en una cópula que hace noche en dos cuerpos que se fotografían frente a un espejo de placer invulnerable. El sufridero mengua con una sola flor blanca que aún no termina de despuntar su voracidad.


Foto unsologato.

martes, noviembre 10, 2009

(Barco de papel 5130)




Papel blanco sin escritura. Papel desnudo. Papel que se moja de un lado y del otro del ojo de buey que lo ve morir en piel sin horizonte. Piel de viento circular con buey paciendo voluptuosidad de naufragio. Lágrima de un ojo que no imanta el consuelo de navegación copulativa. No se espera lo suficiente la arboladura del sol que lleve esa piratería al extremo del placer rampante. O el óxido que fluye de otras aberturas que no se dejan penetrar por deshechos de luz artificial. Aunque se abrace con la delicadeza del delfín que pasa por debajo de la nao navegante. Nao que también es hembra. Papel que se deshace en mar lacrimal no sangrado en el cansancio de la orilla de otro cuerpo. Barquito de fragilidad no remunerada. Hoja blanca lisa flotando en el agua negra de todas las escrituras posibles.


Foto unsologato.

martes, noviembre 03, 2009

Patibulario



Conciliar patíbulo con risa nocturna del viento que golpea las ventanas. Una mujer pregunta a un hombre cuándo volverán a fotografiarse desnudos en esas ventanas. El viento cabalga la inquietud hacia otros patíbulos donde la muerte no juega con cuerpos de cartón. El artefacto diseñado para matar también obliga a arrancarse la ropa frente a un espejo fornicario y adentrarse en placeres de piel que no nieguen la dicha azul y simbiótica. Tampoco la cornisa de un padecimiento paroxístico de animales infectados de tristeza profunda y náusea centrípeta. Aunque la noche no guarde memoria de los ritmos de la cópula de los desesperados cazadores de espejos. No es poco el fuego de ese instante. El fuego en que el sexo del obturador se abre una vez más a esa luz de preguntas donde la muerte acaricia la simulada maquinaria homicida. Otra incertidumbre reemplaza a la anterior, y así la ilusión de un infinito material o amatorio donde se concilia patíbulo con risa nocturna del viento que golpea las ventanas.


Foto unsologato

miércoles, octubre 21, 2009

(Florecimiento 5117)



Otra forma de florecer sin flor. O florecimiento como antecedente necesario de esa tristeza profunda del cielo raso aún blanco. Blanco sin pétalos de orquídea de ahorcado. El encierro multiplicado en flor que se sabe muerta antes de posarse en un cuerpo que se abre. Se abre hasta el éxtasis de inmanencia sin abrazo, sin ombligo. Flor que no miente a ese cuerpo un aire menos respirable en el espiral semántico de la disolución. Antiguas formas que se despojan de todo entusiasmo móvil, ígneo, vital, transmigratorio. En la inminencia tantálica de un pan sin pétalos sumergido en orines venéreo. Acaso flor abyecta que pide otro escenario, otra culpa. Flor suicidada que suplica más bocas que la chupen o terciopelos oscuros que la contengan. El encierro aumenta esos derrames en la helicoide que no se alcanzan a divisar desde la cruz. La cruz que florece transparencia animal y amatoria, sin flor ni paredes blancas alrededor.


Foto unsologato.

miércoles, octubre 14, 2009

Otro círculo de asco y de pena



Los círculos de asco y de pena pasean con sus gatos muertos bajo cielos agujereados en pechos sin mercancías. No está el comprador ni el vendedor. La transacción sucede en el vacío. Los agujeros en las manos dejan pasar el agua que el sediento desarraiga para sus árboles. Árboles que siempre se abrazan, aunque los círculos de pánico y tristeza dibujen en las pieles cópulas reactivas o caminos que no conducen hacia el próximo charco de vómito con vista al río y horizonte desmesurado. Hay siempre un sexo salvífico entre los círculos de oscuridad y de congoja aunque el fetiche de esperanza no logre los objetivos de la letra pequeña. Se descuartizan geometrías que deberían refugiar a los árboles o a los barcos que se alejan. Árboles que se abrazan para que el aire no pierda transparencia entre círculos de asco y de pena.

Foto unsologato.

lunes, octubre 05, 2009

(Crispación 5099)


Crispación de cielo derramado. O boca entreabierta en desaliento que no es mueble indiferente: cama o mesa. Placer que detiene el avance de las paredes. Entrega inmediata sin destinatario, sin remitente. Silencio de un ombligo a otro ombligo. Persecución de un abrazo que no contagia suficiente tedio. O el remolino que devora la capa más superficial del beso. Y otro beso que no desmiente el anterior. Aunque no se conjure toda la piel en boca. Todo el insomnio. Todo el deseo que repite las formas de pararse y acostarse, para una misma penetración de sentido. O sinsentido, que no sea cópula. Bella cópula. Pero deviene en ventana que transmigra esos cuerpos hacia luz más inestable. Luz que no es evidencia de nada, ni consuelo, ni entendimiento de pieles que se acurrucan toda la tarde de lluvia. Luz envilecida por la lluvia. Luz en abrazo de cuerpos que crispan el cielo derramado.


Foto unsologato.

lunes, septiembre 21, 2009

(Fotográfica 5092)



No son fotos reales pero se disparó con certeza sobre el objetivo. La complicidad de la luz en esos niveles de tristeza provocó un encuadre que imita el vómito de un terciopelo a resguardo de cualquier otro salvajismo. También puede haber sido una ventana saqueada antes que toda transparencia vital desviara los cuerpos hacia ese ángulo de fuga y abyección. Otra similitud con la crueldad de esos clavos lacerantes puede ser coincidencia de orgasmos múltiples e implumes, pero sin ninguna proyección de cielo cenital-genital. La foto se siente en el ombligo antes de mutar la piel en piedra de sacrificio. Ni el papel higiénico enmierdado donde fue impresa por vez primera, ni el periódico donde se exhibió un fragmento de su resolución final, alcanzan para develar el simulado enigma. La hipótesis menos aleatoria representa a un hombre penetrando felinamente a una mujer disfrazada de mesa ratona donde se celebra una última cena sin comensales, ni posteriores salvaciones eucarísticas. La combustión de esas impresiones de mala calidad no terminan de aniquilar totalmente la imagen que aún se retuerce en los ojos del no vidente que disparó sobre sí mismo.


Foto unsologato.

lunes, septiembre 14, 2009

(Catalejo Nº 5084)



Quizás haya otras parcelas de sentido, pero inaccesibles. Posibilidades ambulatorias de un cuerpo en otro cuerpo. Consuelo disfrazado de tigre. Tigre de paredes blancas que no logran la total supresión del observador. Articulación de una tristeza más real. El cuerpo a cuerpo devenido en lágrima náusea. Lo real maldito sin contrapeso de lo real bendito. Pesadilla que multiplica sus silogismos de despertar y nada. Nada de médula agazapada en relámpago dialéctico o ternura de animalitos menos discontinuos en el placer. Cada uno encerrado en su catalejo sin horizonte. Ni mar. Ni isla bienaventurada donde reconciliar la ausencia del amado con la ausencia de la amada. Catalejo bien parido en ombligo negro hacia ombligo rojo. Catalejo sólo para ver dentro del laberinto la inmovilidad de los cadáveres y las piedras de sacrificio.


Foto unsologato.

martes, septiembre 01, 2009

(Cielo Nº 5074)



Un cielo adentro de otro cielo, cielo sin salida. Tu cielo o mi cielo. O el sincielo de ambos.
Geometrías bífidas o imprecaciones de piel envilecida. Cielo vaginal con grito de pájaro o cielo pantalla que repite nombres ilegibles para la nube que nos ve pasar. Cielo sin manos para construir la tierra. Cielo adentro de otro cielo, aún más cerrado. Cielo de pájaros que no cantan lieder de Schubert, ni anidan en zapatos rojos, ni mean en floreros de cristal, ni usan lencería de seda para fornicar con nubes disléxicas. O cielo que simula el goce extremo de un cuerpo cuatro veces mutilado. Cielo abierto a su propia desintegración hasta que no quede ni un solo orificio arriba de la cabeza. Balazo o entretedio. Cielo que muta suavidad de gotitas en desesperación de hierros que confunden a los árboles.
Tu cielo o mi cielo. Extensión del tablero vacío. Final del juego. El sincielo de ambos.


Foto unsologato.

miércoles, agosto 26, 2009

Aceleración de partículas



O un objeto cualquiera que asume la máscara del sujeto como algo real. Aún cuestionándose la pertenencia obscena a ese recuadro. Cuando lo único real es la suma de imponderables que consumen el abrazo. Decantan cuerpos. Cuerpos objetivados quizás sin suficiente abyección. Intolerable grado de pureza. Pero la persecución del placer insomne hace que la oscuridad no sea tan dolorosa a esa altura de la lámpara roja. No hay manchas de sangre en las paredes inmaculadamente blancas. Siempre blancas. Aunque uno de los amantes cuelgue del cielo raso sus mejores intenciones de desaparecer. Pero no se logran esos trucos con tanta facilidad de demonios transaccionales o circulitos de infierno que no alcanzan el límite de piel saturada. Un algo de ternura ígneo y fluorescente los salva de ser aplastados por el mueble más pesado de la casa. La máscara se arranca con facilidad cuando el abrazo fluye en fuego de cópula perfecta.


Foto unsologato.

domingo, agosto 16, 2009

(Mutaciones 5060)




Hay cierta ruptura con la realidad. Nada grave. La ausencia, medida en lágrimas que no caen del espejo. Un cuerpo se aleja de otro cuerpo, eso es todo. Las paredes no hablan de amor. Las ventanas no se abren del todo a la muerte. Una luz ajena presta complicidad a los movimientos perplejos de esos mismos cuerpos. La circulación de la sangre en barrios más periféricos. Calles con árboles que no recuerdan los detalles de esos ahorcados que jugaban con el viento. La respiración permite al aire un encierro no del todo asmático. Las paredes, aunque infinitamente blancas, no hablan de amor. Y las ventanas comulgan con oscuridades que vienen desde el fondo de la casa incendiada. Es posible que en una de las recurrentes pesadillas se termine por cambiarle el nombre a las cosas más cotidianas: la puerta de calle, los libros, la cama, las variaciones goldberg y ciertos sentimientos que no vienen al caso mencionar, ni fotografiar con total nitidez.



Foto unsologato.

domingo, agosto 09, 2009

Restos de una tarde de invierno



Ahora quién. Pregunta que no termina de apretar la garganta. Dejar que el sol dibuje otra cara, otras manos. Ojos menos tristes. El cuerpo de otro parque. Un árbol y ahora quién. Silencio verde del parque. Y el árbol que no permite, al gato invisible de esa hora, preguntar otros caminos. Sombras que se alargan hacia el vacío. Aire frío de la tarde. O alguien que explique el teorema con menos agujeros en el pecho, menos lágrimas de flor de acero. Y el silencio verde que hace blanca la furia de las preguntas. Preguntas siempre giratorias pero sin un centro definido. Ahora nadie, nadie que afirme siquiera el sol en fuga.

Foto unsologato.

viernes, julio 31, 2009

Apertura del cristal



Se abre el cristal. Y el cristal no dice lo que hay de irrespirable en el aire. Otros pulmones corren para esa asfixia. Hay alas y piernas que confunden los ritmos del canto. Canto de fragilidad. Pero el cristal se abre en sexos que codician placer. Placer profundo y luminoso. Estrella roja colgada del cielo raso. Estrella roja que los mira copular, sin revolución. El cristal se abre y no dice el consuelo que esas paredes necesitan para continuar sosteniendo el preludio y la fuga. Como si todo dependiera de un piano. Música de cuerpos de cristal. Cristal que se abre y no dice la totalidad del abrazo ni su destrucción.


Foto unsologato.

viernes, julio 24, 2009

Piedrita Nº 5043



Desencuentros que suman piedrita. Piedrita que va a tu mano y la tirás con toda tu fuerza al mar de cenizas. Mar de todos los muertos. Piedrita de desencuentros de ayer y de hoy, que flota un rato como si fuera un barco de papel hecho con la primera carta que abrió el juego. Pero después de cuarenta y un minutos comienza a hundirse. Natural naufragio del barquito de piedra. Y no podés ver cómo va descendiendo entre cenizas de calaveras y de plexos solares totalmente apagados. La piedrita se hunde lentamente en el mar de cenizas donde la oscuridad tiene gargantas y vaginas secas y grises. Después que el horizonte difuso manipula tu visión de las cosas, querrías que la piedrita volviera a tu mano. Y la llamás con las mismas palabras de la primera carta del barco de papel que abrió la serie de los naufragios y las navegaciones por puro placer. La llamás mientras la piedrita se sigue hundiendo y atraviesa restos de pubis y de omóplatos desplumados. Pensás que quizás, cuando llegue al fondo del mar de cenizas de todos los muertos, pueda cobrar un impulso ascendente y volver a saltar a tu mano como si fuera un pez. Pero nada de eso sucede. La piedrita se posa en fondo y se queda allí en medio de la oscuridad esperando tus cenizas.


Foto unsologato.

sábado, julio 18, 2009

Abierto



Un delicado gesto de tu mano puede abrir este círculo del infierno. Y que el cielo se deslice entre espaldas y piernas. Que las sábanas arrojen sus flores a volar sin ansiolíticos. Que el cemento deje de ser mortaja de quietud y calles de perros. Que los cuerpos se unan en preguntas cada vez más suaves y sin nostalgias de hierro. Que tus ojos insistan, en el ángulo que la luz debe adoptar, para que una sola ventana le de sentido a la piel y al pan. Y así nos alimenten los años acariciando el árbol que repetirá tu voz de ritmos sabios. Entonces le entregaré tus manos al viento. Y respiraré tu nombre en las pupilas del sol y en los mares de la luna. Ya no habrá pechos agujereados ni esquirlas que contaminen la piedad. Abriremos este círculo y será una sola línea trazada con palabras y el abrazo de cada día.


Foto unsologato.
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