(Sufridero 5134)

En el sufridero cloacal contemplativo de los propios deshechos emocionales. Como decir: bajate de esa gaviota entristada que caga todo el mar. Y uno es el mar y la pluma de la gaviota con que nadie escribe la carta salvadora. Ya no se imploran salvaciones a la arena ni al viento. Un grito sin violín de fondo marino. Una caracola donde se escucha sólo el regurgitar de la propia frustración. No es la especie más cercana a esas pocas palabras que pueden ser dichas sin suficiente aire. Aire mínimo, que repite aire. Así la respiración asmática de un mundo desfalleciente. Y la alegría furibunda en una cópula que hace noche en dos cuerpos que se fotografían frente a un espejo de placer invulnerable. El sufridero mengua con una sola flor blanca que aún no termina de despuntar su voracidad.








