viernes, mayo 15, 2009

Stabat mater



Que te maten el hijo. Y verlo morir. Que te maten la madre. Y verla morir. Y no ver cómo resucitan de entre los muertos. Que las oraciones no se recen con la exactitud de los que matan porque sí. Verdugos sin ideología que hacen apuestas por el tiempo en que el hijo durará más que la madre. Un minuto más. Diez minutos más. O medir los decibeles de cada grito. O cómo los cadáveres quedarán mirando el cielo o la tierra. La madre boca abajo tragando el polvo. El hijo con los ojos clavados en el cielorraso manchado de humedad. Ambos muertos en un mismo acto lúdico, intrascendente. Poco dinero las apuestas, sólo para condimentar la diversión. Alambres. Corriente eléctrica. Huesos que se van quebrando. Desgarros de piel, sangre, vómitos, mierda. Y el descanso con un baldazo de agua helada para que aguanten un poco más, media hora más, y unas cervezas que le vierten algo celebratorio al acto. Que se miren el uno al otro y se despidan. La madre, el hijo. Muertos sin cruz.

Foto unsologato


2 Comments:

Blogger Rey muerto said...

A los familiares de una víctima les va a dar igual si el verdugo tenía o no ideología, me parece.

Es un delicioso texto tremendista.

¡Un abrazo vivo!

mayo 18, 2009 11:06 a.m.  
Blogger Marimé said...

Qué aplicado a tu escritura! Terrible, pero el cuadro pintó. Sí.

mayo 18, 2009 5:29 p.m.  

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