viernes, septiembre 17, 2004

Querido laberinto...

¿Dónde está la salida?
La pregunta anterior puede convertirse en arena y dejar que se escurra entre las manos.
¿El amor es siempre un laberinto, mi amada?
La pregunta de arriba podría convertirse en piedra y ser arrojada al mar y no volver nunca más a la superficie de las palabras.
Hace falta silencio. Tanto silencio como calles tiene el laberinto.
Las palabras que usamos para encontrar la salida, quizás ya han echado a andar una magia de la que no nos salvaremos, ni en la piel, ni en los sueños...

1 Comments:

Blogger Tonto Simón said...

Es el placer de estar perdido, en silencio

septiembre 23, 2004 1:31 a.m.  

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